Los controles analíticos son constantes del proceso de producción tanto en viña como en bodega, con seguimiento de la evolución de los caldos a lo largo de todo el año.
El almacenamiento posterior se hace en depósitos «siemprelleno» en ausencia total de aire o en depósitos cerrados que disponen de sistema de gases inertes. El vino, así, se protege de oxidaciones adversas.
La temperatura de los depósitos durante las fermentaciones se controla automáticamente manteniéndola en niveles óptimos según el tipo de vinificación.